martes, 4 de agosto de 2015

Intermezzo de mamá



"Cuando vean por ahí la película "Intermezzo" no dejen de verla", esta fue la indicación que nos dio nuestra mamá. Así es que, la he visto ya, luego de muchos años la conseguí y la he visto.

Protagonizada por la bella Ingrid Bergman, como Anita Hoffman y Leslie Howard, como Holger Brandt, quienes viven una historia de amor, dejando atrás sus vidas tal como las están viviendo para entregarse a su propio romance; donde al final Anita se dará cuenta que ella es como la obra musical que han interpretado juntos, afirmando: "yo fui un intermezzo en su vida".


Pero no es la película como tal la que me motiva a escribir, es haber visto la película que mi madre me recomendó hace ya muchos años. Ella, absoluta romántica, quien, supongo, debió sufrir con las historias de ambas mujeres - Anita y la esposa de Holger-: el anhelado, logrado y perdido amor de la una, y la separación o el frustrado amor, de la otra.

Con cada escena sentí como si mi madre estuviera a mi lado, riendo con la hija de Holger, admirando a Bergman, fascinada con los trajes y la casa, regañando al protagonista por su egoísmo o por no dejar que la joven pianista surgiera por sí misma, sin él, estudiando en París, buscando su propia felicidad.


Y también seguramente estaría diciéndole a Anita que no fuera boba, que estudiara, que no estuviera detrás de un hombre casado y con hijos, que todas las mujeres somos valiosas y que no debemos estar a la sombra de nadie, así , tal cual, como la escuché diciéndole a mis hermanas y luego a mi misma, en mi propio momento.

Aunque también el romance, supongo, lo habría disfrutado, ella, mi madre, absoluta romántica, seducida por tangos y boleros, por lo que el viento se llevó, por la estrella de David  para no olvidar su forma de mirar.

También mi madre me estaría diciendo que cada persona es libre de decidir con quien estar y que nadie es dueño de nadie, bendita lección que me tiene hoy aquí con la historia que he vivido, con la libertad e independencia como bastiones sagrados de la dignidad humana. Pero eso sí, sin pisotear a nadie, respetando y siendo solidarios y por ello seguramente estaría orgullosa de la decisión de Anita, quien decide partir, dejando a su amado para que que cada uno reencuentre su propio camino.

Todas estas y tantas otras lecciones, han sido mi guía, mi querida mamá. Son parte de esas semillas de mostaza que regaste en mí. Tan solo puedo decirte que aquí voy, sigo caminando, en mi propia búsqueda, en mi propio encuentro.

Todas sus lecciones, debo decir, tienen fundamento en los principios de la racionalidad de Emmanuel Kant, donde aprender a pensar por mí misma, fue esa primera lección de vida, aprender a tomar mis propias decisiones, de manera responsable y con sensatez, luego, aprender a ponerme en el lugar del otro, o como ella misma decía "póngase en los zapatos del otro", para con ello indicarme que debía ser respetuosa, siempre, y finalmente ser consecuente, con lo pienso, con lo que quiero, con lo que hago, es al final, la tarea más difícil, y en la que me esfuerzo día a día.

Por todo esto y por mucho más, puedo decir que tuve a la mejor mamá del mundo, su absoluto e incondicional amor me llenó de felicidad y por ello agradezco a la vida, por siempre.