Virginia y el brillo de sus ojos

“Solo hay ahora una delgada sábana entre mi ser y las infinitas profundidades”
Las Olas. Virginia Woolf

















¿Quién era ese chico adolescente entusiasmado por Virginia Woolf que me encontré en la librería aquella tarde de verano? No supe su nombre pero sí supe del brillo de sus ojos.  No reflejaba ningún aire melancólico, por el contrario, su voz y su mirada reflejaban unas ganas inmensas de devorar el mundo y de querer conocer o sentir sus infinitos significados.

Entró preguntando por “Las olas” de Woolf, pero no lo había, ningún título de esta escritora estaba. Extraña y curiosamente yo lo llevaba en mi bolso, así que lo saqué y se lo mostré. La complicidad fue inmediata, me contó que se acababa de leer Una habitación propia, "¡ja!, pero si usted es un chico", pensé, pero de inmediato me dije que es propio de los humanos esta necesidad de libertad, de autonomía, de autodeterminación, y eso sí que no es solo un derecho atribuible de las mujeres, no, va más allá de las condiciones y necesidades de género, porque responde a la necesidad de ejercer cualquier acto con libertad, porque aunque somos libres no lo somos del todo, es esa nuestra eterna búsqueda, es esa una condición humana universal.


"... y siento que las olas de mi vida se agitan y rompen alrededor de mí, que estoy enraizada."

Sin embargo, bien sabemos, -la propia Virginia lo supo-  que el precio por la libertad que hemos tenido que pagar las mujeres ha sido alto, que ha sido más difícil abrir caminos por sí mismas, que siempre hay más condicionantes frente a nuestras actuaciones públicas y privadas: "hable así, siéntese bien, ¿de qué familia proviene?, ¿cuántos hijos tiene?, ¿cuándo vas a ser mamá?, con ese comportamiento parece una puta, zorra, perra, bruja, idiota, gorda, flaca, anémica, reina", siempre hay una etiqueta, o que condena o que vulnera o que idealiza. Virginia lo escribió al decir que necesitaba una habitación propia, reconociendo que en las profundas dimensiones de la condición humana hay un mundo cegado para las mujeres y que el trabajo que debemos hacer para que esta situación cambie es permanente y es en todas las esferas, en lo público y en lo privado, con las niñas, las adolescentes, las jóvenes, las adultas, pero también con los niños, los adolescentes, los jóvenes, los adultos, porque es también con ellos con quienes debemos construir una dimensión de la vida igualitaria, respetuosa y solidaria. 


"... quiero ejercer de vez en cuando, no solo mi derecho a no estar constantemente actuando, 
sino también a explorar vagas voces ancestrales de ramas que se quiebran, de mamuts, 
mi derecho a alentar imposibles anhelos de abrazar el mundo entero con los brazos de 
la comprensión, lo cual es imposible para quienes actúan."

El chico y yo conversamos unos veinte minutos, él hojeó mi libro ansiosamente, leyendo los párrafos que tenía señalados, creo que yo enrojecía - subrayar y hacer anotaciones en un libro es tan íntimo -, mientras él sonreía. Al cabo de un rato se despidió. No supe quién era, ya su rostro se ha desdibujado de mi memoria. Solo espero que siga por este mundo, así de entusiasta y curioso, haciendo valer su pensamiento propio, tal como lo percibí aquella tarde de verano.


"Cae el velo entre los dos. Soy admitida en el calor y la intimidad de otra alma"


Así entonces, que brillen en nuestros rostros, en cada rostro, nuestros ojos.


OLCH

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