El Cairo, ¡qué paisaje!


“¡Qué paisaje!” dijo un compañero al asomarse por el corredor de la casa-campamento donde se aloja parte del equipo que trabaja en la recuperación de la vía Alto Galápagos, Municipio de El Cairo. Nos asomamos y todo estaba cubierto con neblina. Todos reímos, la neblina penetrante, ese era el paisaje, y es que acá a 1.850 msnm el paisaje montañoso, cafetero, con nogales, yarumos y mano de osos, es abrumador. Se respira verde, estamos en el corredor de conservación de la Serranía de los Paraguas, muy cerca al Parque Nacional Natural Tatama. Este paisaje va y viene ante nuestras miradas, la niebla llega por momentos y nos invade, recordándonos que los bosques de niebla, de un lado, y la selva húmeda tropical del otro, están cerca, que el Chocó biogeográfico está a la vuelta, que la importancia de conservación que estos ecosistemas tienen, no se nos puede olvidar, porque a pesar de la recuperación vial para beneficio de quienes habitan estas tierras, se debe ser prudente con los ecosistemas circundantes, para lo cual las comunidades deben ejercer control social y estar atentas ante posibles amenazas.



Para llegar a esta majestuosidad de paisaje recorro 250 kilómetros desde Cali, siendo testigo de esta Colombia que no se detiene, de esta Colombia que insiste, que guarda esperanzas muy a pesar de que los caminos se cierran por momentos: En uno de mis viajes me encuentro con una mujer que regresaba con sus tres hijos a la vereda Salmeida, (El Cairo), me contaba que la situación en Cali no mejoraba, así es que lo mejor era recoger sus cosas y regresar a su pueblo pues no quiere que sus hijos continúen aguantando hambre. Alcanzamos el último bus, por lo que le tocaría pasar la noche en una pensión pues no encontraría carro para la vereda. Recordaba las historias que escuché una y otra vez cuando atendí a población víctima del desplazamiento: indefensión, frustración, incertidumbre, aunque en el fondo una pequeña luz de esperanza se vislumbraba en nuestro diálogo “… las cosas no pueden ser peores”.

Esta misma noche en el trayecto y en medio de la lluvia vi a otras personas saliendo de una de las veredas, se trataba de un hombre guiando dos caballos, en uno iba una mujer y un niño, en el otro un colchón, maletas y cajas. Desconozco su historia, los motivos de su partida, no haré inferencias, eso fue lo que vi: unos salen y otros regresan. Sin embargo unos salimos o regresamos desde nuestras propias búsquedas; otros no, otros no tienen opción.

En este mismo trayecto y más cerca de mi destino nos encontramos con el retén militar asentado en el sector La Carbonera, la requisa usual, de dónde vienen, para dónde van y más adelante el paso de los soldados de mi patria, con su  morral a cuestas caminaban a lo largo de la carretera, bajo la lluvia y a unos 10° C., en su oficio, oficio que para mí no debería existir pues pienso en toda la potencialidad que está allí cegada, por ello debería ser una opción y no una obligación.

Seis horas dura mi trayecto, seis horas en donde tiendo a desconectarme bien sea escuchando música, o mis clases con Augusto Ángel Maya. Sin embargo en esta ocasión me encontré registrando lo observado, recordé mis clases de investigación social cuando el profesor me insistía en describir lo observado, sin subjetividades, sin poesía, me decía, sino váyase para literatura. Inevitable describir sin subjetividad, sin expresar lo que se siente ante territorios lejanos cargados de ruana, de tinto, de lluvia constante, de lo exótico del paisaje, de tesoros escondidos, de biodiversidad. Inevitable describir sin subjetividad ante las realidades que nos abruman, que nos duelen, que me recuerdan que hay que insistir en los procesos educativos, en facilitar canales de comunicación con el Estado, en trabajar por dignificar la vida, promoviendo los derechos así las posibilidades estén lejanas. Inevitable escribir sin subjetividad cuando veo los rostros de tantas mujeres que van y vienen por los caminos en busca de oportunidades para sus comunidades, para sus familias, para sí mismas. Inevitable... inevitable.

Octubre, 2011


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