Bicicletas en los agujeros azules 1



La rutina y las nueve horas diarias en el taller eran parte de su vida, pero no eran su vida, él sabía que sólo eran un medio y eso le bastaba.  Terminada su jornada partía a casa a su encuentro con Ella, ese encuentro que era lo único por lo que, según él, valía la pena vivir.
No importaba el ruido ensordecedor, la multitud de autos peligrosamente acercándose a su fragilidad de humano, como tampoco importaba la estrechez de las calles porque en su mente sólo estaba Ella, Ella y nadie más que Ella. Ella, la mujer que amaba, la mujer que lo hacía vibrar correr sudar reptar gritar saltar reír gemir y pedalear hasta el fin.
Su afán por llegar hasta Ella lo convirtió en un ciclista veloz, fue así como compitió para la empresa en varias carreras llevándose títulos sin mayor pretensión que llegar a casa lo más pronto posible; todos se reían de él y eso era justamente lo que decían, que ganaba las competencias para salir pedaleando a su encuentro con Ella.
Un día Ella murió, entonces él la cargó, la montó en su bicicleta y pedaleó y pedaleó hacia el infinito.
De ellos ya nunca más se volvió a saber. 

De: Narrando ando.
Por: Olga Lucía Correa H.

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