Me topé en plena calle en la noche del solsticio de verano con sonidos de trompetas entonando "I love you baby", se trataba de la agrupación Big Bang de la Universidad del Valle celebrando la Fête de la Musique. Me detuve entonces pues la fiesta continuaba con la luna casi llena y con blues del Mississippi gracias a un músico que sorpresivamente salió a la calle deteniendo el tráfico con su guitarra. Cosas se ven en esta ciudad de locos.
Tenía casi al frente al
cerro de las tres cruces. Así como las tuve 360° después de rotación terrestre,
un tanto inclinadas hacia el oeste, pero esta vez a través de una ventana en la
clínica, siendo la primera noche de la gran luna. Cómo es de extraña la vida me
decía, ella va y viene y nunca sabremos cómo ni dónde nos encontraremos.
Cuando nos topamos con la
fragilidad de la vida, vale la pena recordar con gratitud que también hemos
reído, amado, gozado, bailado, vibrado, sentido, tocado. Que un día estuvimos
en los brazos de papá, que mamá nos servía la sopa cuando llegábamos del
colegio, que los viernes jugábamos hasta las 10 de la noche y entrábamos a casa
sudorosos de haber corrido con los amigos de cuadra. Y que unos años más tarde recorreríamos
las calles en bicicleta a eso de la medianoche.
Polvo de estrellas,
lágrimas en mi rostro, olas marinas que nos siguen, ondas en un lago que se
expanden y se pierden, miradas que se cruzan, ¿de qué color eran aquellos ojos?
Entonces no nos queda más que estar en estado de alerta, y permitirle a
la vida, por qué no, sorprendernos. Vaya una a saber cuándo no estaremos aquí.
Hay que ver con qué se
topó mi nuevo día...


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