Arturo, el guardabosques
En mi infancia recorrí con agrado los
pequeños bosques secos y las llanuras que circundaban el poblado de mi San
Pedro, acompañado de amigos que nos dábamos cita para ir a coger arrayanes,
guanábanas y otras frutas que se daban silvestres en esos parajes; me gozaba
las charcas que quedaban en el lecho de la quebrada Artieta una vez que
aclaraba el agua después de una creciente, chapoteábamos en gran algarabía
hasta el cansancio. De esa manera me enamoré del campo, y tuve la fortuna de
haber sido escogido para desempeñar el cargo de Guardabosques del Municipio de
San Pedro, era el año de 1958, cuando tenía 26 años.
Para el desempeño de ese cargo se nos ofrecía
ilustración sobre la legislación forestal, en especial sobre la conservación de
los recursos naturales, haciendo énfasis sobre la conservación del recurso
hídrico, el bosque y la fauna silvestre, se nos enseñó que hay leyes en ese
sentido que datan del siglo XIX y la Ley 200 de 1936 sobre reforma agraria, y en forma perentoria la obligación
que adquieren los adjudicatarios de terrenos baldíos de conservar las zonas
protectoras de los nacimientos de agua, las corrientes, ríos, quebradas y
riachuelos. Se nos enseñó que en las laderas no se deben sembrar plantas en
surcos subiendo o bajando la pendiente, sino en surcos del través para evitar
la erosión del terreno. El cuidado de la fauna silvestre era de mucho interés y
se nos demostró los beneficios que prestan las aves, inclusive los beneficios
de otros animales como los murciélagos, los sapos y de ciertos depredadores que
benefician la agricultura devorando grillos, en fin, toda clase de insectos no
beneficiosos para los plantíos.
Armado de estas enseñanzas recorrí los campos
y montañas de mi jurisdicción cuidando de los bosques para que se hiciera buen
uso de la explotación forestal y enseñando algunas prácticas sobre conservación
de la capa vegetal. El cuidado de los bosques comprendía tanto los de niebla en
la parte alta, tan vitales para la conservación del agua, pues ellos almacenan
y regulan el agua, a partir de las llamadas “fábricas de nube”, la conformación
de los nacimientos de agua y su recorrido por los pequeños hilos de riachuelos;
como los bosques secos en la parte baja, importantes para el control de las inundaciones
y la regulación del agua.
En tales recorridos me detenía en las
escuelas para compartir estas enseñanzas a niñas y niños, de esta manera el
conocimiento sobre la conservación de la naturaleza se renovaba, esperando que
a su vez, los niños impartieran las enseñanzas con sus padres o que más
adelante ellos mismos las practicaran.
De esa que yo llamo aventura, hace más de 60
años, tengo gratos recuerdos, pues algunos viejos amigos hacen reminiscencias de mi gestión como
guardabosques.
Carlos Arturo Correa
2013
Hace unos años, mi padre llegó con este relato de su labor como guardabosques para que se lo transcribiera. Y hace algunos días estuvimos juntos recorriendo el cauce de la quebrada Artieta. Él maravillado con su revegetalización recordó, orgulloso, sus años mientras recorría estos mismos senderos y dialogaba con los campesinos. En esta ocasión tuvo que quitarse la gorra para que algunos de ellos lo reconocieran. Reímos, compartimos, recogí datos importantes que me servirán para poder iniciar mi proceso de investigación de la Maestría. Fue un gran día.
Noviembre 11 de 2016, día de su cumpleaños No. 85, con toda mi gratitud.